sábado, 25 de julio de 2009

Azul profundo

Y sigo ahí esperando una señal a la orilla del abismo mientras los rayos del sol tuestan mi esperanza y envenenan mi intuición.

La arena calienta mis pies que se hunden y se abren paso entre ella. La brisa que llega de todos lados y de ninguno en especifico, me envuelve, me abraza, me besa y me toca; y frente a mí, tranquilo, callado, te encuentras tú y yo caigo rendida a tu pies enamorada de tu inmensidad que me hace sentir tan insignificante, enamorada de tu majestuosidad del hecho de saber que tus misterios van mas allá de lo que puedo ver. Es tu perfecta imperfección lo que me tiene atada, lo que me obliga a sentirme parte de ti, a perderme en tus aguas y a flotar en lo que sin palabras me puedes decir.
Me sumerjo en tus colores y te suplico que me lleves a lo azul profundo, que me conviertas en sirena y que me hagas parte de tu falsa inocencia, del cristal de tus ojos, del cantar de tu esencia.

Pero tú no haces nada y yo ya me canse de esperar. Que pena que por estar pendiente de otras sirenas haz decepcionado a la única que valía la pena. Y no te culpo, no eras tan perfecto después de todo, si lo fueras te hubieras dado cuenta que por estar anclado en un barco de papel sin capitán que hace tiempo naufrago en ti no puedes ver mas allá de tus propias aguas.
Contigo aprendí que hay bellezas que es mejor solo verlas, disfrutarlas sin involucrarse demasiado. Aprendí que no me sirve de nada construir hermosos castillos en tu arena, porque cuando menos lo espero lanzas una ola y todo se vuelve nada.

Siento tu eco que nuevamente me llama y me pide que no me aleje demasiado, pero ya estoy cansada, el vaivén de tus aguas me tienen mareada y tu no resultaste ser lo que yo esperaba. Me acerco un poco más, solo lo suficiente para poder susurrarte que he cambiado de parecer que aunque sigo enamorada de tu azul, de la arena que bañas y la brisa que emanas, tengo más lugares que recorrer, mas playas que ver y mas aguas en las que me quiero sumergir.
Con el pecho acongojado voy dejándolo todo atrás, a ti, tu espuma y tu sal, todo lo que eres y todo lo que no. Ahora que me voy sentirás mi ausencia, extrañaras mis manos tibias que se paseaban por tu arena y mi voz que se mezclaba con el viento y con el choque de las olas en la costa, extrañaras mi risa, mis detalles, las palabras que escribía y que tú borrabas con espuma.

Me volteo por última vez, siento nostalgia al ver las huellas que he dejado en tu camino y con angustia entiendo que es solo cuestión de tiempo para que subas la marea y no quede rastro de que alguna vez estuve allí; sin embargo te soplo un beso y te regalo una lagrima porque después de todo, aunque el tiempo pase, hay algunas cosas que si valdrá la pena recordar.

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